LA MORTALIDAD DE LAS TRUCHAS DEVUELTAS AL AGUA Y ALGUNA DE SUS IMPLICACIONES EN LA GESTION DE LA PESCA


Autor: Fernando Alonso Gutiérrez

Tradicionalmente las limitaciones impuestas al empleo de determinados cebos han venido establecidas por lo que podríamos llamar un criterio de "eficacia", esto es, se limitaba el empleo de un cebo que se consideraba excesivamente eficaz. Un ejemplo en esta línea podría ser la prohibición de empleo del asticot o el queso para la pesca de la trucha en determinadas disposiciones legales. Desde el punto de vista técnico esta limitación no tendría mucho sentido en el momento en que se fijase un cupo máximo de capturas de una forma racional (ajustándolo a la intensidad y eficacia de la presión de pesca y a las existencias de peces en el tramo), puesto que es lo único en que repercutiría el empleo de un cebo más eficaz sería en disminuir el tiempo necesario para alcanzar dicho cupo. Sin embargo, la falta de datos sobre las poblaciones de peces y sobre la presión de pesca, así como la falta de medios para controlar de forma adecuada al cumplimiento de los cupos, ha hecho que los cupos de captura no suelan fijarse siguiendo este criterio en España. Esto es especialmente cierto en el caso de las aguas libres, en las cuales el gestor dispone de menos opciones para regular el impacto de la pesca sobre la poblaciones (puesto que no se puede limitar el número de pescadores que pescan en el tramo), y donde la falta de datos es dramática.

La escasa consistencia de los criterios técnicos utilizados a la hora de determinar los cupos y los cebos autorizados, así como la tradicional falta de información y divulgación por parte tanto de la Administraciones Públicas como de las Federaciones de Pesca y Sociedades de Pescadores, no ha hecho sino favorecer el desarrollo de la importante polémica que ya de por sí desata el empleo de cebos naturales dentro del colectivo de pescadores por motivos muy diversos.

Desde hace unos años la gestión de la pesca en España ha ido incorporando una mayor base técnica, comenzando a plantearse limitaciones de uso de determinados cebos en base a las mortalidades en devolución generadas por su empleo, más que por otra serie de criterios más subjetivos. Esta mortalidad es la que se produce, con cada tipo de cebo, como consecuencia de la captura y el manejo en los peces que se devuelven al agua (bien por que sea exigido por la normativa aplicable, bien por la voluntad del pescador) una vez transcurrido un determinado tiempo desde la captura (habitualmente tres o cuatro días). No obstante, en la actualidad dicha tendencia sólo está recogida de forma explícita en la reglamentación de pesca en Castilla-La Mancha. Efectivamente, en el Reglamento de Pesca Fluvial se incluye, al desarrollar los Planes de Gestión de especies de interés preferente (P.ej.: la trucha común), una referencia a la mortalidad en devolución originada por los diferentes cebos y artes de pesca, clasificándolos según dicha mortalidad y limitando su empleo en función de los objetivos de gestión de cada tramo.

La mortalidad en devolución es un factor especialmente importante en aguas sometidas a una considerable presión de pesca, en las que la probabilidad de que un pez sea capturado es elevada ((como ocurre con la mayor parte de nuestras poblaciones naturales de trucha común). Parece obvio que si un número elevado de los peces que se devuelven al agua murieran posteriormente, no sería justificable imponer su devolución. Por otro lado, si la mortalidad no fuera apreciable, la población podría soportar una determinada presión de pesca sin ponerla en peligro. Por ello resulta imprescindible conocer la mortalidad que originan entre los ejemplares capturados las distintas artes de pesca, saber si existen diferencias significativas entre ellas, y evaluar los demás factores que puedan incrementar o disminuir dicha mortalidad.

Dada la importancia que van adquiriendo en la gestión de la pesca en nuestro país las medidas de gestión afectadas de una forma u otra por este factor, como puedan ser la implantación de tramos sin muerte o con tallas mínimas elevadas, o la citada limitación de empleo de cebos naturales, creemos especialmente interesante poner a disposición de los pescadores y gestores españoles los resultados obtenidos en otros países, en los cuales la mortalidad en devolución ha sido analizada en detalle y desde hace tiempo, ya que los estudios realizados en nuestro país a este respecto son muy escasos, y en este momento no conocemos resultados publicados acerca de los porcentajes de mortalidad en España. En este artículo nos centraremos en los datos obtenidos en truchas (el grupo más estudiado, y el más afectado por la presión de pesca y las limitaciones especiales) si bien en la bibliografía pueden encontrarse datos de mortalidad para salmón del Atlántico, lucio y black-bass, entre otros.

Las especies estudiadas, los tipos de cebos empleados y, en general, el resto de variables consideradas no difieren mucho de las que encontramos en España, por lo que opinamos que al menos los resultados más concluyentes pueden aceptarse como válidos a priori para la gestión de nuestras poblaciones de truchas. De hecho, algunos ensayos realizados por nosotros ofrecen resultados muy similares a los de estos estudios (ver tabla 1). Sin embargo, no hay que olvidar tampoco que los estudios realizados en particular sobre trucha común son relativamente escasos, ya que los autores americanos (donde más se ha estudiado el tema) se han centrado preferentemente las especies de trucha propias de sus ríos.

TIPO DE CEBO EMPLEADO

MORTALIDAD A LOS 10 DIAS

Mosca seca, anzuelo sin muerte, núm 16

0%

Mosca ahogada, anzuelo con muerte, núm. 10

2%

Cucharilla, 3 anzuelos con muerte, núm. 1

6%

Tabla 1. Resultados de un ensayo para analizar la mortalidad en trucha común realizado en la piscifactoría "Rincón de Uña"

Se comparó la mortalidad originada por cada uno de estos cebos en 50 truchas (repartidas en 5 lotes de 10) de un tamaño medio de 18,98 cm.. El hecho de emplear distintos tamaños de anzuelo fue intentar manejar la tamaños más habituales empleados en la provincia con cada una de las técnicas (no se pretendía evaluar diferencias entre tamaño de anzuelos). Las truchas capturadas se marcaron mediante ablación parcial de una de las aletas. Se empleó un lote testigo, también de 50 truchas, capturado con sacadera y marcado simultáneamente con todas las marcas empleadas, para controlar el posible efecto del marcaje en la mortalidad. La mortalidad en el testigo fue del 0%. Los lotes se mantuvieron durante 10 días repartidos en 5 estanques (en cada estanque se tuvieron 10 truchas del lote testigo y 10 de cada uno de los lotes pescados con diferentes artes, para eliminar la posible influencia de los estanques en la mortalidad), anotando al final de cada día las bajas. Los valores de mortalidad con cebo natural (lombriz en anzuelo del núm. 8) no pudieron calcularse con la misma precisión porque..... las truchas atacaban antes a los plomos que a la lombriz!!!, y hubo que suspender el experimento cuando sólo se habían capturado 20 ejemplares. La mortalidad media observada con estos ejemplares fue del 12%.

Las variables que influyen en la mortalidad en devolución son muchas, y algunas de ellas de difícil medida, por lo que es frecuente encontrar resultados diferentes en este tipo de trabajos. Por ejemplo, en el trabajo de Wydoski (1977) concluía que la mortalidad originada por los cebos artificiales (excluida la mosca) era mayor que la originada con mosca artificial, mientras que la posterior revisión realizada por Mongillo (1984) no encontraba diferencias entre ambos tipos de señuelo. Por ello se ha seleccionado como base para este artículo la excelente revisión realizada por Taylor y White en 1992, que tiene la ventaja de comparar mediante técnicas estadísticas los resultados de la totalidad de estudios de mortalidad realizados hasta dicha fecha sobre truchas, lo que supone eliminar en gran medida las diferencias debidas a las particularidades de cada experimento, y permite basar los datos en los varios miles de individuos estudiados por diferentes investigadores a lo largo de los últimos sesenta años.

Las variables analizadas por estos autores para determinar su posible relación con la mortalidad en devolución son las siguientes:

1.- Especie de trucha. Los estudios que se han realizado sobre la siguientes especies: trucha común (Salmo trutta), trucha arcoiris (Oncorhynchus mykiss), salvelino común (Salvelinus fontinalis), trucha de garganta cortada o "cutthroat" (Oncorhynchus clarki), y trucha de lago (Salvelinus namaycush), de las cuales sólo las tres primeras están presentes en España, aunque el salvelino con una distribución muy limitada.

2.- Tipo de cebo o señuelo empleado (clasificándolos en mosca artificial, otros señuelos artificiales(1) y cebo natural).

3.- Empleo de anzuelos provistos o no de muerte o arponcillo.

4.- Origen de los peces (según fueran ejemplares capturados en piscifactorías o en el río).

5.-Porcentaje de peces clavados en zonas críticas (arcos branquiales, esófago, etc.....).

6.- Temperatura del agua.

7.- Tamaño de los anzuelos.

8.- Número de anzuelos del señuelo.

9.- Tamaño medio de los peces.

10.- Manejo realizado por el pescador. (Solamente se consideró en esta variable el tiempo de lucha con el pez).

De todas estas variables, sólo las cinco primeras (especie de trucha, tipo de cebo empleado, empleo de anzuelos con o sin muerte, origen de los peces y porcentaje de peces clavados en zonas críticas) muestran, en el conjunto de los trabajos estudiados, una relación significativa con la mortalidad en devolución.

Analizando los resultados por especies, la trucha común resultó ser la menos afectada por la mortalidad en devolución, siendo el porcentaje de mortalidad medio para todo tipo de cebos inferior en cerca de tres veces al del salvelino común y la trucha arco-iris.

Los cebos naturales causan una mortalidad del orden de diez veces mayor que la originada por los cebos artificiales. A este respecto hay unanimidad en todos los trabajos analizados, si bien los porcentajes observados varían. Los valores medios obtenidos son los que se recogen en al Tabla 2. Las diferencias existentes entre los distintos tipos de cebos artificiales son considerablemente menores, como puede verse en la misma tabla.

TIPO DE CEBO

MORTALIDAD MEDIA

Mosca artificial

3,8%

Otros señuelos artificiales

4,9%

Cebo natural

31,4%

Tabla 2. Mortalidad media para todas las especies estudiadas, según el tipo de cebo empleado.

El empleo de muerte en los anzuelos (la forma habitual de venta de los mismos) supone una mortalidad casi dos veces mayor en el caso de los cebos artificiales, y de unas cuatro veces en el caso de cebos naturales, como se indica en la tabla 3. Las estimaciones de mortalidad para cebo natural con anzuelos sin muerte deben manejarse con cautela, pues solamente en un estudio se empleó esta combinación de métodos.

 

Anzuelos con muerte

Anzuelos sin muerte

Todos los cebos artificiales

4,8%

2,6%

Cebo natural

33,5%

8,4%

Tabla 3. Mortalidad media para todas las especies estudiadas, según el tipo de cebo empleado y la presencia o no de muerte en el anzuelo.

Los peces capturados en el río presentaron una mortalidad más alta que los capturados en piscifactorías. No obstante hay que tener en cuenta que el control de la mortalidad se realiza habitualmente en estanques a los cuales se lleva los peces una vez capturados, por lo que las truchas de piscifactoría eran retornadas tras la captura a un medio conocido, mientras que las procedentes del río lo eran a un medio hostil, lo que puede influir en la diferente mortalidad observada.

En cuanto al porcentaje de peces clavados en zonas críticas, como es de esperar, está relacionado con la mortalidad observada.

No se pudieron extraer sin embargo conclusiones significativas acerca de la relación con la mortalidad de la temperatura del agua, el número y tamaño de los anzuelos y el tamaño medio de los peces, si bien en este último caso parece existir una relación directa entre el tamaño del pez y la mortalidad en devolución: a mayor tamaño, mayor mortalidad. Sin embargo los datos disponibles no permiten confirmar estadísticamente esta relación, al haber sido realizados la gran mayoría de los estudios con truchas de pequeño tamaño (menores de 24 cm.).

En lo referente al manejo de las capturas, sólo dos de los estudios realizados analizaron este aspecto, y únicamente comparando si las capturas eran agotadas antes de extraerlas del agua o no. No se pudieron apreciar diferencias significativas en la mortalidad originadas por uno u otro tipo de manejo. Obviamente, la habilidad personal del pescador y la educación en el manejo de las capturas pueden ser factores muy importantes a la hora de disminuir la mortalidad en devolución, y que siempre se pueden argüir como mitigantes del efecto de determinados cebos, si bien no es menos cierto que las regulaciones de pesca han de fijarse siguiendo el patrón de habilidad del pescador medio. Por otro lado, otros aspectos del manejo del pez (empleo de extractores para sacar el cebo o corte de la línea sin extraer el anzuelo, empleo de sacaderas, etc.....) pueden tener influencia en la mortalidad y deberán ser estudiados.

En definitiva, de las cinco variables cuya relación con la mortalidad en devolución se ha comprobado, y descartando de momento el origen de los ejemplares por los razonamientos antes expuestos, nos quedan, para una especie de trucha dada, dos factores que pueden ser controlados por el gestor y cuya relación con la mortalidad en devolución está bien documentada: el tipo de cebo empleado y la presencia o ausencia de muerte en el anzuelo.

Refiriéndonos tanto a la trucha común como a la arcoiris, se puede concluir que:

1) La mortalidad originada mediante el empleo de cebos naturales es del orden de 10 veces mayor que la originada con señuelos artificiales.

2) La mortalidad originada mediante el empleo de anzuelos con muerte resulta se de 2 a 4 veces mayor que la originada empleando anzuelos sin muerte.

El conjunto de medidas que se adoptan para controlar el impacto de una presión de pesca determinada sobre una población natural de peces debería ser lo más simple posible dentro de la compatibilidad con la conservación de la población. En este aspecto lo resultados comentados sugieren que la adopción de sólo dos medidas, a saber, la prohibición de empleo de cebos naturales y la prohibición de empleo de anzuelos con muerte puede rebajar a valores muy bajos la mortalidad de las truchas capturadas y devueltas al agua (del orden o inferior al 1% para la trucha común). La autorización conjunta de ambos puede implicar multiplicar de veinte a cuarenta veces la mortalidad media en devolución, y elevarla a valores inadmisibles.

Otra conclusión que puede extraerse de estos datos afecta al cupo a fijar en las aguas libres en las que se autorice el empleo de cebos naturales, en comparación con aguas de características similares y con los mismos objetivos de gestión en las que dichos cebos no estén autorizados. Ya que el control de la afluencia de pescadores no existe en este tipo de aguas, y como de los resultados anteriores se desprende que la mortalidad originada en la población es muy superior para la misma presión de pesca, si la población quiere mantenerse en los mismos niveles habrá que actuar bien sobre la talla mínima de captura, bien sobre el cupo de captura o bien sobre los días hábiles o la duración de la temporada de pesca, haciendo una o varias de estas medidas más restrictivas en el tramo donde los cebos naturales están autorizados.

Elevar la talla mínima en el tramo donde se autorizan los cebos naturales, aunque mejoraría algo la situación, no sería la medida más adecuada en este caso, porque los peces liberados como consecuencia de esta aumento están sometidos, como hemos visto, a una importante mortalidad en devolución. Por ello sería más recomendable actuar rebajando los cupos de captura o limitar los días hábiles. Esta medida no debe entenderse como una penalización a un determinado conjunto de pescadores, sino como una necesidad de gestión para poder aprovechar de forma sostenible la población de peces. Una ojeada a las diferentes órdenes de vedas nos revelará que la situación actual en España es precisamente la contraria (Como comentario al margen del contenido de este artículo, y realizando el mismo razonamiento para tramos acotados y tramos libres de las mismas características, se llega a la conclusión de que las aguas libres deberían tener unas restricciones mayores -o al menos iguales- que las impuestas a los cotos, ya que en estos últimos el control del número de permisos permite un ajuste adicional de la presión de pesca a las posibilidades de la población. También la situación actual es en este caso radicalmente opuesta. Se suele argumentar: "Como no hay peces grandes en lo libre por el exceso de presión de pesca, ¡cómo vamos a fijar una talla más alta...!", y entramos en un círculo vicioso, ya que la presión de pesca es precisamente la que impide que los peces lleguen a alcanzar dicha talla). Obviamente en ambos casos los lugares sometidos a régimen intensivo de sueltas quedan excluidos del razonamiento, ya que la población que en ellos se mantiene es completamente artificial.

Por último parece necesario profundizar en el estudio de algunos aspectos relacionados con la mortalidad en devolución particularizados ya para las condiciones españolas. En primer lugar, la realización de más estudios sobre mortalidad desarrollados específicamente con trucha común sería conveniente para obtener una mejor estimación de los porcentajes de mortalidad en devolución de esta especie. Determinar la mortalidad originada por algunos cebos naturales cuya forma de ser pescados se asemeja bastante a la de los señuelos artificiales en lo que respecta a la rapidez del clavado (P. ej.: saltamontes, cebos pescados con veleta, etc...), así como la de algunas técnicas de pesca más empleadas en nuestro país que en Estados Unidos (P. ej.: pluma) es otro de los objetivos pendientes. El estudio de la mortalidad en función de los diferentes tamaños de los peces, y especialmente para peces de tamaño superior a la tallas mínimas habituales (ya que la mayor parte de los estudios citados emplearon peces de talla inferior a la mínima legal, que en la época de realización de los trabajos eran los que se devolvían al agua) para evaluar la influencia de la mortalidad en tramos con tallas altas o sin muerte, así como de las temperaturas del agua, que pueden ser más críticas en España que en otros países, son otros aspectos interesantes a evaluar. Por último, el manejo del pez después de la captura, como se dijo anteriormente, debe ser estudiado con más detalle. En este sentido puede ser muy interesante la colaboración entre los pescadores (a través de sociedades colaboradoras, etc.....) y la Administración, para la realización de experimentos de mortalidad en los que se simularan de forma más realista las condiciones de pesca (P.ej.: Experimentos "ciegos" en los que se solicite a distintos pescadores que capturen una serie de truchas, sin advertirles del objeto del experimento, para conseguir un manejo de las capturas lo más similar posible al que se produce realmente, evaluación de la mortalidad en capturas realizadas por pescadores con distinto grado de experiencia, etc.....) y el control conjunto de los resultados de los experimentos, lo que repercutiría en una mejor aceptación de los resultados así obtenidos por parte de los pescadores, al intervenir ellos en el desarrollo de las experiencias. La divulgación de los resultados obtenidos al colectivo de pescadores es obviamente una condición necesaria para el éxito en la implantación de estas medidas.

1. El término inglés "lure", que hemos traducido aquí como "otros señuelos artificiales", engloba en el sentido empleado en estos trabajos tanto a las cucharillas y cucharas como a los peces artificiales y devones.

Pondremos un ejemplo práctico de la influencia de la mortalidad sobre los cupos en el caso de emplear cebos naturales y artificiales. Vamos a partir de datos reales -simplificados- sobre la composición de nuestras poblaciones de trucha común. A partir de 18 poblaciones estudiadas en ríos de la cuenca del Tajo (García de Jalón et al, 1994 "Estudio de las poblaciones trucheras de los ríos Tajo, Gallo, Hoz Seca y Cabrillas"), se observó que el porcentaje medio de truchas de edades superiores a los 2 años (clase de edad en la que se alcanza la talla mínima de 22 cm.) era aproximadamente el 30% del total de truchas de edad superior a 1 año (los tramos estudiados corresponden tanto a tramos sin muerte, cotos y tramos libres. En los tramos libres la proporción de truchas de tamaño superior a la talla suele ser más pequeña, como consecuencia de la explotación por pesca, y el impacto de la mortalidad en devolución será previsiblemente mayor). Podemos suponer para simplificar que las truchas menores de un año (menores de 7-8 cm.) no se capturan con caña, y que todas las truchas tienen la misma probabilidad de ser capturadas (normalmente las truchas más grandes son más difíciles de capturar, por lo cual estamos siendo conservadores en la estimación de la mortalidad). Supongamos que el cupo admisible es de 6 truchas.

Un pescador tendría que capturar un total de 13 truchas menores de la talla para conseguir capturar 6 truchas de la talla. De estas 13 truchas que deben devolverse al agua no llegaría a morir ninguna si se pesca, por ejemplo, con mosca artificial (13*3,8/100=0,49), con lo cual el pescador extrae realmente 6 truchas del río.

Sin embargo, si el pescador emplea cebo natural, de las trece truchas devueltas morirían aproximadamente 4 (13*31,4/100=4,08), por lo que el pescador extrae 10 truchas, y no 6, del río. El cupo (o los días hábiles), deberían ajustarse en estas aguas para compensar esta mayor extracción. En el caso del ejemplo, habría que reducir el cupo a 4 truchas, de forma que para conseguir las 4 truchas de talla habría que pescar 8 pequeñas -de las que morirían 2-, y el número de truchas extraídas sería entonces de 6.

 

 

 

¿AUMENTA LA PESCA SIN MUERTE LA SELECTIVIDAD DE LAS POBLACIONES DE TRUCHA?


Autor: Alejandro L. Viñuales Guillén

En la revista "Pesca a mosca AEMS" número LVI se publicó un pequeño artículo titulado "Tablas ¿imposibles...?" en el que se comentaba que la pesca sin muerte pudiera tener algunos efectos digamos altamente didácticos sobre los peces. El autor consideraba estos efectos, que él calificaba de "dificultades artificiales", como indeseables; hasta el punto de que, según sus afirmaciones, le llevan a alejarse de los lugares de pesca, otrora para él atractivos, donde cree observarlos. Afirma que sus sospechas se confirmaron al conocer que en USA (sic) "hay cotos muy caros. Es obligatorio matar las truchas que se capturan para evitar su educación. El socio que paga, quiere pescar".

El grueso de su argumentación se apoya en la existencia de lugares en los que las truchas son muy selectivas, y concretamente se refiere a una tabla situada justo río arriba del coto experimental de Peralejos, que recordemos que fue el primero en crearse en España, allá por el año 1.981, a sugerencia de la AEMS y gracias al trabajo directo de parte de sus socios.

Vayamos por partes:

1.- El que la pesca enseña a los peces a desconfiar de los pescadores y de sus artes, es lógico suponerlo, y entra dentro de la relación natural entre predador y presa, en esa carrera de estrategias que forma parte de los mecanismos involucrados en la evolución de las especies. Pero pensar que la pesca sin muerte es especialmente eficaz en este aspecto, hasta el punto de convertir a la generalidad de los peces en impescables, no sólo no me parece acertado, sino completamente erróneo. Creo que esa suposición viene ante todo de la habitual tendencia al antropomorfismo en nuestras explicaciones de los comportamientos animales, y no me molestaría en intentar refutarla por escrito si no pensara que en este caso pudiera servir a algunos como arma contra la pesca sin muerte, modalidad que nuestra asociación siempre a defendido, y modalidad de la que personalmente soy un entusiasta partidario, no sólo como personal actitud ética, también como figura de gestión pesquera llena de posibilidades y de futuro.

No sé si contar mis experiencias servirá para algo, pero puedo asegurar que he llegado a pescar hasta ocho veces una misma carpa, entonces vivía al lado de un pantano; y este mismo año he pescado y soltado 4 veces la misma trucha en un arroyo que pasa a trescientos metros de mi casa, en el que además no habré pescado más de una decena de veces, y en ningún caso he encontrado apreciables diferencias de dificultad entre las primeras capturas y las postreras.

Esta última temporada truchera calculo que he dedicado alrededor de sesenta días, al menos en parte, a la pesca de la trucha; de ellos una quincena fueron en cotos o tramos libres sin muerte (que desgraciadamente aún no existen en esta mi nueva patria que es Asturias), pues bien: la inmensa mayoría de los buenos ratos que ahora puedo recordar han sucedido en ese 25% de jornadas que han tenido lugar en esos tramos en los que las truchas supuestamente tienden a ser de imposible captura.

2.- Las trucha selectivas existen desde bastante antes de que la pesca sin muerte se hiciera habitual. Recuerdo unos versos de Izaac Walton que dicen: "y si no muerde el cebo alabo la prudencia, del que no se deslumbra tras la vana apariencia", en clara loa a esas truchas difíciles. Una actitud, las del viejo Izacc, que creo más digna que la de calificar a las truchas, salvajes y libres, a las que no se puede engañar, de "pobres animales acosados y asustados" con los que no merece la pena perder el tiempo. Comprensible reacción, por otra parte, que me trae a la cabeza el refrán de la zorra y las uvas verdes.

Debo decir que creo que en esas circunstancias, a las que yo no soy en absoluto ajeno, el pobre animal soy más bien yo que el pez, y cuando suceden (bastante a menudo), procuro tomarlas como una positiva lección (lecciones de humildad, las llama Luis Antúnez), que me recuerdan que hay muchas cosas que ignoro, y que por suerte jamás agotaré los misterios que la naturaleza esconde.

Ya sé que hay personas que no soportan darse cuenta de que no somos gran cosa, cuyo orgullo sufre en exceso cuando un simple animal demuestra ser más astuto que ellos; he visto cómo mataban barbos a pedradas cuando frezaban en un arroyo y se ensañaban después con los cadáveres, únicamente porque no mordían el anzuelo.

Yo mismo, nadie es perfecto, me he sorprendido insultando (medio de broma, sí, pero insultando), a las trucha que me rechazaban una imitación detrás de otra. No hay duda de que la frustración a nadie gusta y de que puede llegar a nublar el buen sentido hasta extremos peligrosos.

3.- El tramo que pone como ejemplo el autor del artículo no es un tramo sin muerte (ni siquiera el coto experimental de Peralejos sería un buen ejemplo de tramo sin muerte), más bien todo lo contrario.

Desde luego es a menudo un tramo difícil, aunque no comprendo qué tiene que ver con esta dificultad el captura y suelta, sería bastante más lógico achacarla al captura y mata.

Cualquiera que conozca el lugar convendrá conmigo en que las truchas que consiguen establecerse allí sin sucumbir a las artimañas, legales e ilegales, de los cientos de pescadores que intentan capturarlas, tienen que ser forzosamente prudentes.

Puedo citar algunos ejemplos sobre la dificultad del tramo: hace dos o tres años mi compañero de pesca, excelente pescador, sólo por casualidad consiguió encontrar una imitación medianamente válida de lo que estaban comiendo, que resultaron ser exhuvias de tricóptero.

En otra ocasión mi hermano me comentó que, durante unas vacaciones de varios días en la zona, sólo después de muchas pruebas consiguió fabricar un chochín artificial que funcionaba, tras haberle fallado las imitaciones clásicas (para quienes lleven poco tiempo con nosotros les diré que el chochín es un pequeño díptero, muy abundante en las cuencas del Tajo y el Júcar, de color verde a marrón muy variable en las distintas fases de la emergencia).

Tiempo antes, yo mismo he pescado allí alguna buena trucha en días imposibles, después de muchos fracasos, sólo con el auxilio del sereno y de un díptero artificial, de pluma oscura, en un anzuelo del nº 28.

Creo que el autor del artículo explica en su artículo parte de la causa de su fracaso en esa zona, cuando habla de animales conscientes de su presencia: desde luego es difícil conseguir capturar una trucha salvaje consciente de nuestra presencia, ya lo es incluso cuando ignora la misma, y no me cabe duda de que se logran mejores resultados cuando esa presencia no es advertida por las truchas.

Por otra parte, me parece muy bien que cualquier pescador se ponga el nivel de dificultad que considere más adecuado, los hay, los conozco, cuya máxima ambición es pescar truchas con berberecho a fondo en un coto intensivo, y así llevan haciéndolo a su plena satisfacción desde hace años. Tienen todo mi respeto y, sinceramente, mi admiración.

4.- Personalmente dudo mucho de la existencia de esos caros cotos made in USA en los que la pesca se exige mortal para así mantener a las truchas en la ignorancia y facilitar su captura (si bien es cierto que existen lugares en los que la pesca sin muerte está prohibida, el único motivo que para ello conozco es controlar al máximo el número de capturas y evitar una alta mortalidad posterior a la suelta, pues suelen ser tramos en los que pueden utilizarse cebos naturales).

Si por casualidad existiera tal aberración, para mí sólo indicaría dos cosas: por un lado que sus pescadores no sienten la pesca como la siento yo; y por otro que no son excesivamente perspicaces.

 Si realmente quieren pescar en ríos en los que la pesca sin muerte es una quimera, pueden venir al occidente de Asturias, pescar aquí es prácticamente gratis, y difícilmente encontrarán (salvo que pesquen en las cercanías de mi pueblo) alguna trucha viva que haya aprendido en anzuelo ajeno la existencia de moscas artificiales. Eso sí, no les garantizo que pesquen mucho, sobre todo si no están dispuestos a dedicar algunos meses a investigar qué leñes comen las truchas, y por qué, incluso en los chorros, truchitas de menos de veinte centímetros les rechazan las moscas que tan buen resultado les dan en otros ríos.

Por otra parte no puedo evitar sentir algo parecido a lástima por los practicantes de la pesca recreativa que todavía confunden el pescar con el coger peces, los pobres se están perdiendo lo más divertido de esta nuestra pasión.

Si reflexionamos un poco, nos daremos cuenta de que lo que según los socios de los supuestos cotos de la muerte evita el "aprendizaje" de las truchas es en realidad su mejor escuela:

Si sistemáticamente eliminamos a las truchas que más fácilmente pican, las que queden serán sin duda las más difíciles. Si suponemos que esa dificultad se debe a aspectos como una especial capacidad de observación y una mayor desconfianza, características ambas perfectamente transmisibles por vía genética, a largo plazo estaremos favoreciendo una población especialmente difícil de pescar (algo aparentemente observable en los ríos sobrepescados, aunque es difícil saber qué porcentaje de dificultad se debe a comportamientos selectivos y qué otro se debe simplemente a la escasez de truchas).

Lo contrario ocurre en los cotos sin muerte: aquí todas las truchas tienen similares posibilidades de llegar a la edad adulta, incluidas aquellas más torpes o agresivas a las que fácilmente se las engaña con una mosca artificial, por lo que, aún suponiendo que algunos ejemplares "aprendan" de la experiencia de las repetidas capturas, lo que estamos favoreciendo es la existencia de una población menos desconfiada, más agresiva (algo que también va unido a la competencia intraespecífica, teóricamente mayor en las poblaciones con más densidad de individuos), más natural en suma (pues creo que si el ser humano no se dedicará a lo que se dedica, las truchas que tendrían más posibilidades de supervivencia en condiciones normales serían precisamente aquellas que más fácilmente se pescan: las más fuertes, y por lo mismo las más glotonas, las que más rápidamente crecen, las que ocupan los mejores puestos, las más rápidas, las más feroces...

Personalmente opino que el grado de aprendizaje individual ante los estímulos de las repetidas capturas y posteriores sueltas, que no dudo que existe, hasta cierto punto, sirve para compensar en parte la mayor "pescabilidad" general de las poblaciones donde se practica mayoritariamente la pesca sin muerte. Yo me he llegado a aburrir en cotos sin muerte tenidos generalmente por magníficos por la excesiva facilidad de las capturas (y no me refiero a cotos intensivos o semi-intensivos), por suerte estos han sido momentos puntuales que también he conocido, aunque más raramente, en tramos libres tenidos por difíciles, por ejemplo el Hozseca, y aunque no me cabe duda de que es mucho más fácil conseguir buenas capturas en tramos sin muerte (que realmente se pesquen sin muerte) considero que ello se debe a la mayor densidad truchera, y no a que las truchas devengan imbéciles; pues también podría relatar lecciones de humildad en cotos sin muerte como Huélamo, en Cuenca, o Belmonte, en Asturias.

Por cierto, este último coto se abrió en la temporada de 1996 a la pesca sin muerte, tras varios años de veda, rebosante de truchas a menudo enormes, y tuve la suerte de poder pescarlo desde la primera semana de apertura. Son truchas completamente autóctonas, según los análisis genéticos realizados por la Universidad de Oviedo, y ya desde el primer día (os recuerdo que eran truchas que jamás habían visto un pescador de caña, exceptuando tal vez algún furtivo en ciertas zonas del tramo, aunque estos a menudo no pescan con caña) me obsequiaron con una selectividad que en algunos períodos era realmente asombrosa. Tras una decena de jornadas de pesca en ese coto (comprenderéis que sea mi favorito) siguen existiendo esos momentos de actividad superselectiva en los que por ahora me declaro incapaz de pescar adecuadamente, sin que ello me produzca ninguna molestia: simplemente no sé aún cómo imitar el estadio emergente del díptero minúsculo que comen ávidamente en esos momentos, tal vez la temporada próxima resuelva el problema, o tal vez nunca lo consiga, en el fondo me da lo mismo, porque lo que de verdad me gusta es poder intentarlo.

Para finalizar: yo estoy en la AEMS porque creo que su objetivo es la conservación de la naturaleza en general, y en particular de los salmónidos y su medio ambiente, objetivo que es también mío; y aunque no dudo de que esto está bastante relacionado con que los pescadores podamos divertirnos más, al tener más peces en los ríos, creo que la AEMS no tiene como función facilitar que los pescadores llenen la cesta de peces, y precisamente si enseñamos a pescar con mosca es porque esta modalidad de pesca es la que mejor permite la práctica efectiva del captura-y-suelta.

Termino reiterando que estoy convencido de que la pesca sin muerte no favorece la selectividad de las truchas. Pero aún en el caso de que así fuera, yo seguiría pescando sin muerte, y os aseguro que sería completamente feliz haciendo bolo tras bolo y viendo los ríos rebosantes de truchas tan difíciles que yo fuera generalmente incapaz de pescar ninguna con mi pobre bagaje de mosquero.

 

SI QUIERES OPINAR, EN  sinmuerte@riograndedexuvia.com

 

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GUIA PRACTICA PARA CONSERVAR 
Y RESTAURAR TUS RIOS Y HUMEDALES

 

 

Autores: PEDRO BRUFAO CURIEL y GUIDO SCHMIDT 

 

 

Este cuaderno trata de servir de herramienta útil a quienes se muestran interesados en la conservación de los ecosistemas acuáticos. A menudo nos vemos inmersos en una multitud de procedimientos y formularios muy técnicos y burocratizados cuando intentamos poner coto a los ataques que sufren los ríos y humedales.

 

 

 Este es el fin de esta Guía Práctica: ayudar a los ciudadanos a que su preocupación fructifique y las autoridades públicas cumplan con su obligación de conservarlos. Emplea un lenguaje llano y sencillo con la idea de que sea accesible a todos. 

 

 

Esta Guía Práctica incluye cómo interponer una denuncia, cómo presentar alegaciones, las quejas a la Comisión Europea y a los Distintos Defensores del Pueblo y la manera de solicitar la caducidad y revisión de concesiones para que se proceda a la demolición y desmantelamiento de obras hidráulicas.

 

 

 Junto a los distintos formularios y modelos de instancias, se incluye una lista de direcciones de interés de los principales organismos competentes.

 

 

 

 Edita: AEMS-RÍOS CON VIDA

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